Cuatro viajes en el tiempo
Los viajes espaciales y los viajes a través del tiempo son, pro-bablemente, la base argumental de la mayor cantidad de cuentos, novelas y películas de ciencia ficción. Pero mientras los viajes espaciales son una realidad desde hace muchos años (al menos, en una escala más bien modesta), los viajes a través del tiempo todavía pertenecen al terreno de la fan-tasía.
Y es que los viajes en el tiempo son imposibles. No por una limitación técnica sino por razones lógicas más poderosas. Podría decirse que el viaje en el tiempo es más imposible que el movimiento continuo. Cuando se trata de imaginar un viaje hacia el pasado surgen paradojas muy conocidas e imposibles de resolver. Por ejem-plo: un hombre viaja al pasado y mata a su padre niño. Entonces, el hombre no pudo haber nacido. Entonces no pudo haber viajado al pasado y matar a su padre. Entonces su padre vivió su vida nor-mal. Y engendró al protagonista. Que enton-ces sí pudo viajar al pasado y matar a su padre...y así sucesiva-mente. Es como lo que los meteorólogos llaman efecto mariposa: una mariposa levanta vuelo en China. Entonces una tormenta de nieve se desata en los Andes. Dicho de una manera más sencilla: un pequeño cambio en el pasado produce grandes cambios muchos años después. Esta versión del efecto mariposa es ignorada por la primera historia moderna sobre el viaje en el tiempo: La máquina del tiempo, del inglés H. G. Wells. En ella se pretende hacer pasar al tiempo por una dimensión geométrica más como lo son el alto o el ancho. Y así como hay máquinas que permiten desplazarse en cualquier dirección espacial, debería haber máquinas capaces de desplazarse en el tiempo. El protagonista crea una máquina así. En cambio, El ruido de un trueno, de Ray Bradbury, expresa bien la variante temporal del efecto mariposa: unos cazadores viajan a la prehistoria e, inadvertidamente, matan un insecto. A su regreso, ven el mundo moderno completamente cambiado. Aunque el cuento ilustra bien el efecto que los cambios en el pasado pueden tener en el futuro, pone demasiado énfasis en los seres vivos cuando lo cierto es que cualquier cambio puede influir, involucre o no seres vivos. Los viajes en el tiempo también tuvieron su lugar en la televisión. Y el mejor representante es la serie El túnel del tiempo. Pero sus protagonistas ignoran sistemáticamente el efecto mariposa: tratan de que el Titanic no choque contra el iceberg; de que el Gral. Custer no muera ante los indios; de evitar la locura colectiva ante la aparición del cometa Halley en el cielo de 1910... En un episodio de la serie el general responsable del proyecto dice "ciertas cosas están escritas en las páginas de la Historia y es mi deber que todo se cumpla". No parece. Aunque el efecto mariposa pone un límite insalvable en las historias verosímiles sobre viajes en el tiempo, constituye la base del argumento de El fin de la eternidad,de Isaac Asimov. En la historia hay unos individuos (los eternos) que viajan libremente por el tiempo llevando a cabo los cambios que el efecto mariposa dicta y que llaman CMN (cambio mínimo necesario): por ejemplo calculan que entornando una puerta en el siglo XXV se evita una hambruna en el XXX. O que, cambiando de lugar un objeto en el 1500 se evita una dictadura 2000 años después. Y así por estilo. En realidad, un obsesivo podría preguntarse cómo hacen los eternos para producir el CMN y solamente ése. Cómo evitan que su sola presencia induzca otros cambios en el futuro. El autor menciona el tema y trata de mezclarlo con la trama pero deja muchas lagunas. En cualquier caso, estos ejemplos son una muestra de los problemas que el viaje en el tiempo plantea a la imaginación de los autores y de cómo se las ingenian para evitarlos.Sobre los viajes en el tiempo, una posdata
Desde el punto de vista físico un viaje en el tiempo es algo muy simple. Por ejemplo, hay un libro parado en un estante. Alguien pasa y lo hace caer. Entonces lo recoge del suelo y lo vuelve a poner en su sitio. Es decir, restituye el libro al estado en que se encontraba antes de caer. Un viaje al pasado es algo tan trivial como eso. Desde el punto de vista físico, retroceder en el tiempo significa volver a un estado ante-rior, revirtiendo todas las transformaciones sufridas desde ese momento. El ejemplo del libro no es perfecto. Cuando se cae, el libro no solamente está cambiando de posición: puede ser que también se desencuaderne, que se machuque un poco. Además, mientras tanto, las transforma-ciones químicas que hacen envejecer el papel siguen su marcha. Pero, de todas formas, podría imaginarse una reversión completa, un proceso que hiciera retroceder todas las transformaciones que sufra el libro mientras cae del estante. ¿Puede servir esto como base para un viaje al pasado? En principio, no. Habría algo así como un "retroceso local", limitado al libro. Pero la sensación del tiempo de los observadores (lo mismo que la gran flecha temporal del universo) seguiría apun-tando "hacia adelante". Para nosotros, que veríamos "evolucionar" el libro, sería más o menos como a ver una película proyectada al revés. Sin embargo, el escritor Fredric Brown, partiendo del concepto físico de reversión de cambios, ha sido capaz de articular una historia sobre el viaje en el tiempo sin producir paradojas: Juego de espejos, de 1954. Estamos en el año 2004. El protagonista, Norman Hastings, de setenta y cinco años de edad, ha inventado una "máquina del tiempo" capaz de hacer retroceder todas las transformaciones (físicas, químicas y de cualquier otra clase) que haya experimen-tado un objeto cualquiera. Pone en la máquina una herramienta vieja y oxidada y ésta emerge nueva y reluciente. Más que una máquina del tiempo, se trata de una máquina rejuvenecedora. La máquina también funciona con las personas. Norman se mete en su máquina ajustando los controles para retroceder medio siglo. Cuando sale, tiene veinticinco años de edad. Pero no solamente rejuvenece su cuerpo. También rejuvenece su mente, y esto incluye a su memoria. De modo que el proceso elimina completamente todos los recuerdos acumulados por Norman en los últimos cincuenta años. Su recuerdo más reciente es haber estado tomando sol con su novia el 7 de abril de 1954. De re-pente, se encuentra en el año 2004. Para todos los fines prácticos, Norman ha viajado hacia el futuro. Al principio no entiende nada pero, afortunadamente, Norman el viejo le dejó una carta explicando lo sucedido. Este "viaje" no produce ninguna de las paradojas habituales en este tipo de historias. No se encuentran el Norman viejo con el Norman joven. No hay duda alguna acerca de quién es el "verdadero" Norman porque solamente hay un Norman. Alguien puede pensar que el autor hizo trampa. Que esto no es realmente un viaje en el tiempo. Puede ser. En todo caso, agreguemos el recurso de Brown a la lista del capítulo anterior.