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El primer fax

Cuando hace unos años se publicó París en el Siglo XX, obra póstuma de Julio Verne, todos volvimos a asombrarnos por la capacidad del autor de predecir los adelantos tecnológicos de nuestro tiempo. Por ejemplo, el fax.

En un párrafo de la novela nos enteramos de la existencia de un telégrafo ...capaz de enviar a cualquier parte el facsímil de un autógrafo, escritura o dibujo.

Pero, al escribir esto Verne no estaba prediciendo nada. Ni pretendía hacerlo, ya que, unas líneas antes, nos aclara que ese telégrafo había sido inventado en el siglo anterior (es decir, el XIX) por el profesor Giovanni Caselli, de Florencia.

Y, efectivamente, existía en tiempos de Verne este telégrafo de Caselli, también llamado pantelégrafo.

Para enviar un documento por el pantelégrafo, primero se lo debía imprimir o copiar sobre una lámina metálica usando una tinta no conductora de la electricidad. En el transmisor, una aguja conectada a una línea telegráfica exploraba la superficie del documento mediante un movimiento en zigzag.

Cuando la aguja tocaba el metal desnudo (es decir, no impreso) descargaba a tierra la tensión eléctrica. Pero cuando pasaba por la superficie impresa, la tinta aislante impedía la descarga. La electricidad pasaba entonces a la línea telegráfica.

En la estación receptora había un dispositivo con otra aguja similar. Sincronizada con la del transmisor, esta segunda aguja recorría un papel impregnado en ferrocianuro de potasio, que cambia de color al ser sometido a una corriente eléctrica. Así el papel se iba oscureciendo cuando la aguja del transmisor pasaba por la parte impresa, y conservaba su color original, en correspondencia con las partes no impresas del documento.

El principio de funcionamiento parece simple y es, de hecho, similar al de los faxes actuales. El problema era asegurar el sincronismo en el movimiento de las dos agujas. Esto se lograba mediante un mecanismo de relojería con péndulos que guiaban las agujas.

El telégrafo de Caselli se usó durante la década de 1860 en la línea telegráfica de París-Lyon. Y aunque envió cerca de cinco mil faxes durante su primer año de operación, pronto fue abandonado. El hecho de tener que imprimir el documento en la lámina de metal lo hacía muy poco práctico. Además, los facsímiles obtenidos muchas veces resultaban ilegibles.

Todavía se conserva un ejemplar del pantelégrafo que puede observarse en el Conservatorio de Artes y Oficios de París.

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