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Una historia de la electricidad

La electricidad se conoce desde los tiempos de los antiguos griegos. Ellos observaron que, luego de ser frotada, una varita de ámbar podía atraer objetos pequeños. Más o menos como hacemos nosotros al frotar una regla de plástico o un peine. Y de ahí el nombre: ámbar, en griego, se dice electrón.

Pero durante muchos siglos la electricidad fue solamente una curiosidad de laboratorio o un entretenimiento para nobles. Era común en las cortes de los siglos XVII y XVIII que algún científico protegido por el rey montara demostraciones en las que algún cortesano era sometido a una descarga eléctrica.

La primera aplicación práctica de la electricidad aparece recién en 1753: el pararrayos. Y hubo que esperar hasta bien entrado el siglo XIX para ver la electricidad como algo que podía tener alguna utilidad doméstica o industrial.

Todo comenzó con una serie de descubrimientos muy parecidos hechos hacia 1820 por varios científicos en distintas partes del mundo: André Ampere en Francia, Joseph Henry en Estados Unidos, Hans Oersted en Dinamarca y Michael Faraday en Inglaterra.

Estos descubrimientos tenían que ver con la relación entre la electricidad, el magnetismo y la energía mecánica: moviendo un imán en las inmediaciones de un circuito se producía electricidad. Haciendo circular electricidad en las inmediaciones de un imán, se producía una fuerza.

Lo primero es el principio de funcionamiento del generador eléctrico. Lo segundo, del motor. Y tras ellos siguió la mayoría de las aplicaciones que hoy conocemos: en menos de cincuenta años se inventaron el telégrafo, el teléfono, la lámpara incandescente, el ferrocarril y el tranvía eléctricos, el ascensor, el submarino moderno.

Al principio, seguramente, pocos imaginaron las consecuencias que tendrían esos primeros experimentos. Faraday solía hacer demostraciones públicas de sus experimentos. Dicen que en una de esas ocasiones un funcionario del gobierno se le acercó y le preguntó:

"Sr. Faraday. Todo esto del magnetismo y la electricidad es muy interesante. Pero ¿para qué sirve?"

Según la leyenda, Faraday contestó: "Señor, dentro de unos años, ustedes cobrarán impuestos por esto".

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